viernes, 7 de octubre de 2011




                                     JOSÉ PLAYO

 







             Zaguán

Te mando a buscar
el chinchín bucólico de los brindis de madera,
que a mí ya no me tenés
preso entre tus pestañas.

Si querés amor
te doblo los faroles
para que me veas de cerca
este corazón de jirones,
esta doliente alforja rota,
por donde escapan
mariposas de carne,
puñado de alas.

Te mando a tomarle el pulso a los mármoles,
a lamerle las lágrimas sabrosas
a las sandías.
No a mí.

Que debajo de esta cáscara
no quedan engaños,
no hacen nido
las regalías.

Que si querés la verdad,
te mando a que me pagues,

tengo precios
absurdos

de libertad.




Segundas gestaciones


Ya sé, no se puede,
tan difícil es relegar las
tragedias
con nuestra pequeña
ecografía.

Y sin embargo

fémures de tiza, latidos de tambor,
las tapas de los diarios
derrumbándose
en ríos sucios
de tinta.

Ya sé, no se puede, pero
falta poco para octubre
y las alegrías son necesarias, mínimas,

indispensables.

Tenemos que aferrarnos a ellas,
aprender a cazar los autos y
los saludos en las ventanillas,

los amigos,
los amaneceres,

nuestros pasos
a la par de la sombra tijereteando el camino

cuando reflexionamos
sobre tus primeros llantos,
y la voz tuya bautizando
tantos poemas / tontos poemas.

Aniversarios de tragedias,
ecos de sangre, venas expuestas,

la carne toda se nos revienta,
como gritos
de imposibilidad:


te dejamos una historia rota para que
juegues;

quien quiera que seas en noviembre
quiero sostenerte en brazos de éste lado
y mentirte al oído
con versos de juguete,
muñequitos de yeso
y caballitos de
madera,

tus manitos,
como las mías,
empujarán algún día
la misma
tierra.

Hay tanto para ver
que espero vengas con los párpados
dispuestos;

está toda esta pampa
que nos acaricia
las suelas

y hay montañas
y cielos
donde la luna trepa, se reduce y deja de sangrar;

hay lejanía,

nuestros muertos cantan en ella
llenos de tibieza.

Me gusta pensar que aunque todo
se haga ceniza
algún día descubrirás tu herencia

robada y a salvo

en los espejos
a los que hoy les cantamos
para que enmarquen
nuestras
sonrisas.

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