martes, 20 de septiembre de 2011



                                     PABLO SEGUÍ














Lizarazu sonido rojo




Música de melaninas":
toma la nota el siervo, es capturado
ese razonamiento verboso. ¿Y cómo
quiere anotar la canción, si desentiende
angustias por lo quieto y cae
en toda regresión -recalcado lo del alce,
cansancio de los eternos-? Rotas como de atrás
las melaninas, indaga
tecnosociologías que puede, y no,
descendencia de parapetos, reconcentrado
en esos disminuidos como la no palabra,
o su final y tretas en sociedad:
la casuarina,

desposeída así, de pronto.




No meditada ascesis,
como la luz, que vuelve,
sobre el techo y su sombra acontecía,
amanecer a cada noche,
la rigoreada testuz de padecer
queriendo lo que se desgrana,
lo que el ya abandonado maderamen
denegará, impertérrito.





Orquídea salvaje

No meditada ascesis,
como la luz, que vuelve,
sobre el techo y su sombra acontecía,
amanecer a cada noche,
la rigoreada testuz de padecer
queriendo lo que se desgrana,
lo que el ya abandonado maderamen
denegará, impertérrito.

Ayuno, sí, y miseria
de la carcoma o vida:
no podés, no conseguís recuperar
esa no reprobable fulguración.






Para una reflexión de una lectura


Historia que reparte
la sequedad pueril, no embruja
con pocas ganas, mide
como corral la desidia
y estampa contra la suerte. De isomorfismos
roe el ritmado son, de estacas
que fueron ya y, si quiere pronunciar
"la comadreja", pezón-sutura,
hiere porque en la cóncava
desafección del tino halló
otra mentira que bien se presta
al descerraje.

Historia que comparte
cualquiera pulcra afición o ¡basta!,
toma el minarete y le devuelve
sillones a Rivadavia, ajena
esta dedicatoria al alce.
Medida que, patagónica, pudre
la más fina caricia
y el contoneo barroco, como que donjuanear
recuenta indefinidas urbes
comunicándose al paso, burrito trotón,
del sonsonete, byte foráneo, que es decir
todo lo nuestro, incluso
nuestra probable perfección.



Probable perfección agrícola, mi cavernario
de intraducibles para los periódicos
calafatea su chillido ratil,
que puede ser compensado en partes, tomos
que no relumbran, aleccionados,
y que la ocasión adquiere, cruje la lengua,
a precio de modismo, y los sarcásticos,
adverbio atencional, se imprimen
junto con otros siete
que la competencia atribuye
a los retazos mil de la fruta, pasando
donosos Pergolessi al orbe,
manda acatar, deslumbra
ese fanal nuestro que a todo escupe, y así bajan,
no como toda fiebre, del papo
gotas esmeraditas
como una antojadiza repulsa en fotos,
tomate a 15 pesos, 2007
.



 


La toilette de Venus, William-Adolphe Bouguereau, 
1873, Museo Nacional de Bellas Artes, Buenos Aires

No hay comentarios:

Publicar un comentario