martes, 20 de septiembre de 2011



                                     PABLO SEGUÍ














Lizarazu sonido rojo




Música de melaninas":
toma la nota el siervo, es capturado
ese razonamiento verboso. ¿Y cómo
quiere anotar la canción, si desentiende
angustias por lo quieto y cae
en toda regresión -recalcado lo del alce,
cansancio de los eternos-? Rotas como de atrás
las melaninas, indaga
tecnosociologías que puede, y no,
descendencia de parapetos, reconcentrado
en esos disminuidos como la no palabra,
o su final y tretas en sociedad:
la casuarina,

desposeída así, de pronto.




No meditada ascesis,
como la luz, que vuelve,
sobre el techo y su sombra acontecía,
amanecer a cada noche,
la rigoreada testuz de padecer
queriendo lo que se desgrana,
lo que el ya abandonado maderamen
denegará, impertérrito.





Orquídea salvaje

No meditada ascesis,
como la luz, que vuelve,
sobre el techo y su sombra acontecía,
amanecer a cada noche,
la rigoreada testuz de padecer
queriendo lo que se desgrana,
lo que el ya abandonado maderamen
denegará, impertérrito.

Ayuno, sí, y miseria
de la carcoma o vida:
no podés, no conseguís recuperar
esa no reprobable fulguración.






Para una reflexión de una lectura


Historia que reparte
la sequedad pueril, no embruja
con pocas ganas, mide
como corral la desidia
y estampa contra la suerte. De isomorfismos
roe el ritmado son, de estacas
que fueron ya y, si quiere pronunciar
"la comadreja", pezón-sutura,
hiere porque en la cóncava
desafección del tino halló
otra mentira que bien se presta
al descerraje.

Historia que comparte
cualquiera pulcra afición o ¡basta!,
toma el minarete y le devuelve
sillones a Rivadavia, ajena
esta dedicatoria al alce.
Medida que, patagónica, pudre
la más fina caricia
y el contoneo barroco, como que donjuanear
recuenta indefinidas urbes
comunicándose al paso, burrito trotón,
del sonsonete, byte foráneo, que es decir
todo lo nuestro, incluso
nuestra probable perfección.



Probable perfección agrícola, mi cavernario
de intraducibles para los periódicos
calafatea su chillido ratil,
que puede ser compensado en partes, tomos
que no relumbran, aleccionados,
y que la ocasión adquiere, cruje la lengua,
a precio de modismo, y los sarcásticos,
adverbio atencional, se imprimen
junto con otros siete
que la competencia atribuye
a los retazos mil de la fruta, pasando
donosos Pergolessi al orbe,
manda acatar, deslumbra
ese fanal nuestro que a todo escupe, y así bajan,
no como toda fiebre, del papo
gotas esmeraditas
como una antojadiza repulsa en fotos,
tomate a 15 pesos, 2007
.



 


La toilette de Venus, William-Adolphe Bouguereau, 
1873, Museo Nacional de Bellas Artes, Buenos Aires

lunes, 19 de septiembre de 2011




               SILVIO MATTONI












la cosa perdida



¿En dónde puse esa cosa perdida?
Un pulular de cuerpos en el aire
frío, ¿matinal? ¿Insectos o bacterias
o quizás papelitos picados con mensajes
que nadie puede ni quiere descifrar?
Falsos vestigios de un supuesto cuerpo
que siempre estuvo así; la dispersión
se muestra. ¿Qué cosa? No encuentro más
huellas, no más signos. Una pared
que habrá sido amarilla y se destiñe
surcada por líneas irregulares,
anómalas de tiempo… nada. Pregunto
por la incansable remisión, por el descuido
que me hizo olvidar de algo. Estoy
seguro de haberlo puesto en algún lado
que no es éste. Hace años que la busco,
¿una hoja de papel escrita, un libro
acaso? La escondí demasiado bien.
Esta mañana me pareció tenerla
en una cadena de once sonidos
que la rodeaban, pero no era más
que el recuerdo renovado, siempre
involuntariamente traído, de haberla
perdido alguna vez en una caja
o cajón, guardados en otras piezas
y en otros campos que no sé dónde están.








el primer impulso



Quisiera descuidarme de mí mismo
como la primera vez en que algo raro
me agarró de los pelos y me puse
a escribir, solo, sin ningún motivo.
Cuando reaccioné, había pasado
casi toda la tarde. En la calle
mis amigos se estaban despidiendo,
y me asomé al balcón, pero no quise
gritarles. Hacía poco, me habían
separado del coro del colegio
porque me abandonaba mi registro
de contralto. Empecé a estar absorto
contemplándome. ¿Qué era esa cosa,
ese murmullo incesante, quejumbroso
o felizmente escéptico, fluyendo
en mi cabeza apenas las acciones
se demoraban? La única forma
de parar eso era pinchar el tubo
y hacer correr la tinta hasta que el chorro
disminuía. Pero aquel rapto
en la siesta de un barrio silencioso
no vuelve ahora. El pensamiento impone
su red de frases, aunque aún espero
que la repetición no sea imposible.







deshacerse del cuerpo



El auto ronronea demasiado,
¿en camino hacia dónde? Voy
buscando con mi padre algún lugar
para dejar ese pequeño cuerpo
que traemos envuelto en una bolsa
de basura. Mis quince años de vida
no llegan a cinco de estar pensando
en mi voz, en mi encierrro. ¿Dolía
de verdad? Hablar era imposible y todo
tenía que ser escrito. Atrás el plástico
negro parece vibrar con las sacudidas
del viejo Citroën celeste. Estábamos
casi afuera de la ciudad, en el borde
que todavía no es campo. “Por acá
puede ser”, dice mi padre. Bajo
con la pala en la mano, él levanta
el cadáver canino que nunca, nunca
dejará de volver. El suelo
tiene fisuras que resisten, siguen
inamovibles ante la hoja de hierro
que levanta porciones mínimas de tierra.
¿Qué hacer? Seamos pragmáticos, abandonemos
cualquier idea de eternidad o historia:
lo único que existe nos afecta.
Mi padre avanza en el desierto gris
con una perra muerta que de pronto
rompe el nylon y cae. Puedo ver
sin enfocar, apenas por la esquina
de mi ojo, el hocico fláccido, una oreja
dada vuelta que muestra el interior rosado.
La pala ineficaz se mete al auto
como si nadie la hubiese empuñado.
¿Quién más estaba ese día de un entierro
fingido, inútil? “No les digamos a tu mamá
y a tu hermano que no pudimos…” Claro,
nunca podremos, la tierra es dura, morir
como un perro es una frase. ¿Qué descuido
invade con un yuyo la aridez y persiste
en la época seca? Algo se deja
en el lugar equivocado, ¿habrá otro
mejor alguna vez? Como si nada,
volvemos sin decir nada y me guardo
un vacío con forma de poema,
mientras el ruido del motor simula
en mi cabeza el arrullo que sentía
cuando apoyaba el oído en el lomo
palpitante de ese animal. Y ahora
trota en silencio atravesando pausas
muy prolongadas y parece
que hubiera aprendido a hablar. Me está diciendo:
“Cuidate del descuido, cuidá bien
tus palabras, tus actos, esto que ves
es todo lo que hay.” Ya en la casa,
las lágrimas copiosas de mi madre
hacen su poesía sin birome
y yo subo a mi pieza, a mi cuaderno.






motivos de casamiento



Ahora las cosas parecen dotadas
de una total ausencia de necesidad.
Mis abuelos se casan por descuido,
como suele decirse, embarazados
pero después la nena muere por tomar
leche mal conservada en la miseria
italiana de posguerra. Yo también
embaracé a Cecilia en una noche
cálida, aunque pensamos: mejor
decidirse y salir de aquella noria
con visitas pautadas y horas de soportar
sendas familias en vías de envejecer.
La espera se detuvo, sin causa, cuando
ya todo estaba listo. La casa, el casamiento
y la caja donde guardar un poema de luto.
La suerte se dio vuelta, nada en el mundo
podía separarnos. Lo generamos todo.
Mis padres se casaron por descuido
y yo nací. ¿Ganó la muerte 2 a 1?
Una palabra de más pone todo en peligro.
Escarbo en lo incumplido, en barro antiguo
para encontrar tesoros. Estos días
de primavera, cuando escucho los trinos
agudos de mis hijas que se ríen,
comprueban que no miento. Que el dolor
no reciba ninguna fe absoluta.






purgatorio



Una gota de amargura en el fondo
de la taza de loza que me trae
la imagen de un amigo descuidado.
Hoy quiere verme porque dejó salir
–sin querer, claro, no habrá sido un acto
de voluntad– pero al fin brotó
de su boca que vi pasar en diez
años de juvenil a consular un líquido
verde, como tinta. Mi existencia
le señalaba lo que él no podría nunca
llegar a hacer. Y ahora como un pagano
que escribió buenas frases, se lamenta
en el vestíbulo infernal. ¿Será cierto
que las obras te salvan? La amistad
no está en verse sino en querer siempre
el bien del otro. Lo quisiste demasiado,
pero vení y entremos al desierto gris
donde hablaremos de literatura, sin tocar
el tema que nos separa. Elegimos
guardar silencio buscando el nombre propio
de algún autor brillante que tiñera
el lado norte del cielo, entonces vimos
algo más que palabras, destruidas
junto a todos los restos del ultraje
imaginario, como después de un sueño
sigue en el cuerpo la emoción impresa
que ya no tiene causa ni figura,
era un color muy vivo, recobrado
de otra tarde invisible que volvía.










                

               CARLOS SURGHI
















Ungüento para bambis

Cuando me duermo en las reposeras
y el sol me besa demasiado

 sueño con todos los muertos…

 y acaso eso sea
el principio que resuelve
volver a ser feliz

 en los laureles de Diótima
el arco de Diana
o los dieciocho años
de la señorita Fanny Brawne…

 así una chica
que tiene tu rostro
y también tu nombre
-pero no sos vos-
me habla al oído,
me despierta al otro extremo
de la siesta de febrero



deja a mi lado
un aparato mágico
con su combustible
para válvulas y bujías
que al usarlo sin querer
aprieta mis sienes
obligándome a decir






¿cómo habré llegado
al ritmo de otra forma
sonámbula o innecesaria
en la cual poder hablarte,
siguiendo qué o a quiénes
arrodillado ante toda
la nueva música de ese idioma?  



y al encenderlo cruzo,



como las loritas fluorescentes de los árboles
la armadura de las langostas en las hojas
el aguijón juguetón de las abejas,



los pasos
las sombras
el agua siempre quieta
que separa



la planta alta
el azul de las piletas…



y fumo
adentro de una pequeña vasija
donde el liquido explota sus mil chispas



ruidos por aquí
ruidos por allá



en la escalera de metal
que baja a las cocheras
y mira hacia el oeste…




¿no es extraño vivir tan cerca
para hablarnos con los hilos de un fantasma? 



y es la inmovilidad
o la concentración mecánica
que dicta presurosa
el tono de esta fábula  



donde Menón, con flores y acertijos para enamorarnos
también quería escribirlo…



esa voz que me llamaba
lo que no le hacía lugar
a la sombra de todas tus palabras,
o la canción dormida
que inventé para las noches



cuando algo de lo que más querés
en la superficie del plasma
tintinea sus
gotitas de sorpresa…



mientras



los peluqueros
los albañiles
los enamorados
que habían arreglado mi cabello
para la consagración del día
también fumaban,
despacio y con estilo
por la tarde
al encontrar
el color verde que marea
cuando yo pensaba en atrapar
eso que supongo entenderías…


¿por qué llevabas unas guirnaldas
para adornar un sueño
y mantenerlo vivo
siquiera por
creer en todo lo dicho entre el silencio?



¿qué vas a hacer con ésto
cómo es posible que te guste
sin llegar a entenderlo,
y si el engaño
se pareciese al nombre
y si el ensueño
se deshilara en dudas?



vivir pendiente del enojo
que puede rifar la verdad
desgasta el mecanismo del corazón
imanta el consuelo que trae
engañarlos por amor…



sentada junto a la ventana
enamorada de vivir
besando con tus pies
la frescura de los pisos de parqué



con tu ropita a la moda
ola vanidosa del verano



creí que aún
podías quedarte…



¡Oh sí qué simpática
dulce y graciosa,
acaso la impunidad que da
querer morir a los dieciocho!



y tener algo
que yo jamás
voy a volver a tener
pero que vos,
ponto lo vas a perder…



¿podría llamarse tesoro
metáforas del vacío  
escalofríos de la sensación
incandescencia nocturna



o simplemente



ungüento para bambis



en lo frágil que adormece
las locuras abrigadas del corazón?



para mi son los dientes apretados
que no usamos
tan sólo al escribir



y es que…



hay una musiquita
en la punta de la lengua
resonando en tus orejas



con la cual llamás



pronto y con más deseo

al genio diminuto
que agita entre los dos
todo este cansancio…



yo que la busco
la envidio
sólo porque me pregunto



¿con cuánto apremio
mereciendo su artificio
o su carburante ecológico
me haría dueño de ella?



¡Oh sí, tan sólo se trata de una celebración
una coreografía de máscaras para la lluvia
en la cual lo único que cuenta  
son los días y más días consagrados al deporte!



o las cositas escritas
para darle un nombre al próximo dolor
entre horas muertas que nos dicen



“El amor puede hablar
de otro amor
si es preciso…”



como ahora que estás sola
con las guirnaldas quemadas a tus pies
soñando el otro lado
en la intimida que anima
el pulso de las cosas…



y así a veinte minutos de distancia
ya tan pronto
hay que darse vuelta,

reiterar la aplicación
es el sinónimo
que acariciar la piel cansada,



las dermatólogas recomiendan
para parte posterior



también esta serie de cuidados



caros lubricantes del amor…



¿pero de qué sirve lo escrito
si sólo es eso que gané
al tiempo que esperamos
por algo que nos queme
como una insolación?



la concentración que merecemos
para aguardar por el deseo
entre esto y aquello que pensamos
es el peso específico de ese aceite,



como dicen en sus confidencias de oficina
las empleadas públicas infieles: 



protege y a la vez broncea



del eco o reflejo



simpática ventolina
radiación enamorada…

y vas a ver que sí, ahí
como un inyector que todo lo impulsa
la poesía
ese fantasma entre las hojas
que lo hecha a perder o lo justifica,
es más que algo
resuelto y magnífico
por la magia de la tecnología



dura la revelación
que tardan los muertos
en dictar su brisa a los oídos
por los movimientos
de su última canción…



¿es acaso la dulce humillación
que trae por la tarde
la fauna ensoñada
de un último verano


o para decirlo de otro modo

 por qué escribiremos los dos
en la libertad de estos papeles
sobre los oficios veraniegos
sin mostrarnos o decirnos
esas cosas borroneadas?

 los años mal vividos
la tonta equivocación de Eros
se redimen en los libros,

 cuando los leas y lo aprendas
a mi máquina le quedará
el recelo de los otros…

 ¿y quién
podría explicar
lo que vuelve
del primer estado de enamoramiento
como si las estrellas químicas hablasen de ello
sin recuerdo
o cualquier exageración perdonada
y nada
otorgase tiempo a conceder
ventajas y reproches
tan sólo por lo dicho?

 ¡Oh sí, nada más hermoso
que el ungüento para bambis
con el cual poder mover
todos los vapores de deseo
que animan este sueño!


viernes, 16 de septiembre de 2011




                     
           MARCELO DUGHETTI





















Icaro


                   I

Sobre esta tumba verde
con el mármol por el oxido enrarecido
las manos del ángel.


                 II

Hay en la vieja casa
un albañil recién derribado.
esta todo silencio,
en los patios que dan al sur
un aeroplano de cemento
caído de los celestes andamios
un niño que cuidaba de caballos ajenos
un muchacho de cuchillo en la faja y cuartetos gringos
un hombre con cal en los ojos y ampollas vivas en las manos.
esta todo silencio sobre los mosaicos partidos.
el sol le abrasa la frente
se repite danzando en los cristales de la arena
y en sus ojos quemados teje la muerte
recuerdos enhebrados con un hilo de plata.



                    III

Yo no puedo levantar la puerta
la vida es una asombro que sucede lejos
entre las ramas del pinar donde se acaba el día.


                   IV

El movimiento del miedo
con sus fauces exactas
la mano que entre las sabanas caídas aun duerme
la respiración del hombre en su jaula.



                 V

Recibe
maría
tus despojos
la nave esta completa
pasas y ciruelas
para el temible barquero
dos monedas
en los ojos.



                    VI

Muerdo
manzanas
que dejo muertas sobre la mesa
muerdo
y ordeño a la pajarita de papel
las manzanas se oxidan en el tiempo que acaba
la pajarita lanza esos gritos de loca perdida



                    VII

Mi casa esta rodeada
Mi casa duerme abierta sitiada por los perros
Afilo un cuchillo de sombra
Espero. SEUD: Eneas



                         ANDRÉS NIEVAS






Mi universo

Tengo todos los paisajes.
y no veo nada.
Estar solo es una fantasia.
Vivo y hago fortuna con lo que quiero.
No pienso irme.
Soy otro.
Soy esto.
Soy una casa
y una diagonal con árboles.
Mi universo gira,
inventa la superficie terrestre
y veo el mundo
desde un trasbordador espacial
que se desintegra
en partículas infinitas.



Quiero

Quiero ver el río,
sentarme en una piedra,
y mirar peces
que se transforman en arena.

Quiero ver una rama rebelde
que se niega a romperse
y restos de su piel
formando materia y líquido.

Quiero ver un puñado de pájaros
hundidos en el cielo color turquesa
como rayos suicidas
llenos de plumas.

Quiero ver la noche,
escuchar como el agua se aleja,
saturarme con el ruido de los renacuajos
y luego dormir plácidamente.



Yo era un extraño

Yo era un extraño
que veía vida
donde la muerte había pasado.
Yo era un extraño
entre la gente
hasta que la naturaleza
me conmovió.
Yo era un extraño
que cuando caminaba
veía a los demás volar.
Yo era un extraño
como el que espera
la lluvia y corre por los campos.
Yo era un extraño
hasta que la tristeza
me transformó.

Yo era un extraño.
Ahora.
Soy.
Nada.


Dinah Washigton

Ésta es una casa para escribir.
Correr con el perro.
Alejar los mosquitos
con espirales
y tener de fondo
música
de Dinah Washigton.




            
                         ALBERTO MAZZOCCHI






Epístola a Dylan Thomas


Te escribiré
que en todos los países hay ríos
mediodías sombras espíritus que se juntan
calabazas llenas de agua para que beban los que se han ido
maderos disecados y extraños de esquifes
donde se aferran las mujeres para llorar
donde sube un cangrejo
diversas muertes que aún no terminan
mediasnoches
instintos
máscaras
raíces
nostalgias emponzoñadas que reposan en los vientres
lejos aún de todo incrustadas
árboles que nos recuerdan lo que hemos abandonado
un cocktail distinto todos los días
ruedas de caucho dudas vergüenzas.
Y esto es todo lo que tienes
mientras aún no hay nadie
y esto todo lo que tienes
hace tanto
han huído las chovas
hace tanto
han huído aquellos animales salvajes
hace tanto han huído
Y nada poseías
sólo el frío que se adhiere a la piel
quédate
ya nunca más vuelvas aquí
sólo la esperanza de los pobres es lo que tenemos
estábamos ebrios
desnudos o con mangas mojadas
así llovía sobre nosotros
y simplemente éramos hombres
habíamos comido y llorado
ahora ya todo está demasiado endurecido
ni los rostros besados
Te escribiré
que en todos los países hay ríos
y además encontrarás
tu cara de gusano
tatuada en la falda de una mujer inglesa
o en un vaso de cristal.

Volveremos a donde están nuestros recuerdos
es decir hemos de morir
volveremos a tener limpio los ojos
no tendremos hermosura ni encanto
y ya tan solos
ni siquiera podremos explicar
nuestros profundos sentimientos
únicamente tendremos recuerdos
y algún superficial encanto
aún nos permitirá ser amados
volverán aquellos sueños
irreconocibles y sombríos a llevarnos por largos corredores
y como si de nosotros se hubieran olvidado
nos pondrán en las manos arrugadas y sucias de pobres
oscuros símbolos que antes representaban nuestro miedo
volveremos a estar tristes y rezar
y de noche con el corazón iremos a buscar un lugar apartado
para oír el viento
y para oír nuestro propio espíritu que nos ha acompañado
soltaremos nuestro lacio cabello
y dejaremos entrar en el alma
las voces profundas de los recuerdos
abriremos las puertas para entrar grandes ramos de flores silvestres
y tendremos fuego
sé que podremos mirar para recordar todo lo que hemos vivido
en nuestros sueños
no habrá ya ningún vestigio
amplias hojas traerán el perfume y volverán las sombras
los helechos oscuros llegarán hasta nosotros
para protegernos quizá
o para comunicarnos algo que nadie se ha atrevido a decirnos
todo habrá perdido su misterio
y las hojas disolutas y pálidas de los grandes nogales
volverán reunidas y arrastrándose
a mirar por los vidrios del gran ventanal
como esfinges llamativas y extrañas
que aún no pertenecen al pasado
árboles que han nacido cuando hemos comenzado a soñar
animales que han muerto
cosas que se han olvidado
cosas que se han perdido para siempre
y todo lo que habíamos hecho antes
cuando éramos jóvenes
ya no significará nada para nosotros
iremos con el corazón a los lugares donde están nuestros recuerdos
iremos a escribir
a recoger pulidos guijarros de cuarzo
nos limpiaremos las manos en la ropa
tendremos en la boca olor a vino
tendremos frío y soledad adherida en todas las partes de nuestro cuerpo
descalzos caminaremos para alejarnos
reconoceremos todas las cosas que hemos de abandonar
cerraremos los armarios
pero antes de morir
los recuerdos inmutables
se irán a reunir con nosotros
en la tierra en el agua en el fuego
en las cosas abandonadas
durante la lluvia
en las iglesias en ruinas
en las viejas calles en los caminos
adentro del alma de las plantas
en el aire que traspasa los sembrados
en el corazón de los hombres que viven
se irán a reunir con nosotros
cuando seamos alimentos de las aves y de las raíces
lejos de aquí
cuando todos nos hayamos olvidado
solamente viviremos.

Una de las personas más distinguidas
que yo
ladrón de libros y revendedor
he conocido
dice:
“ya estoy harta de perder tantas salidas de baño!”
y cuando va conmigo supuesto ladrón
a bañarse a las afueras
aunque haga frío en la tierra y en el agua
pierde alguna de sus prendas
de mujer que teme arrugarse y que por eso no hace muecas
“ya estoy harta de perder tantas salidas de baño”
y llora como una niña
porque ha perdido hoy su salida de baño de esponja de algodón
todas las mujeres pierden algo
pero esta mujer pierde solamente salidas de baño
una de las personas más distinguidas
que yo
ladrón de libros y revendedor
he conocido
tiene su alma tan exquisitamente simple y delicada
que bien podría caber su alma en una jabonera.







                         ALEXIS COMAMALA


Ensayo para mi muerte

1
Ensayo mi muerte
pero antes otras cosas.

2

Yo no creo en mí
todos saben quién soy yo.

Yo no debo creer en mí,
todos lo saben: soy dios.

3

Retroceder con el control remoto      
hasta el momento adánico.
Saber que dios no existe.

4

Y para vernos desde lejos
me hacen falta tus vísceras.

5

La noche boca arriba vomita estrellas.

6

Veo las cosas por venir
Le temo a tus carnes, a tus huesos, a tus cenizas,

Aquí
frente a tu tumba
Escarbo
¡desespero!
te recupero.

7

La sombra
forma precaria del espejo.

8

Dijo el florentino
-- Entrar al cielo
por la puerta del
del infierno.

9

Del cosmos, de tu lengua, de mis vísceras.
Sueña el viento
con una arquitectura
que supere el sueño.

10

Estoy aislado
y es temprano,
aun nadie me mira,
se que es mentira,
pero aun nadie me mira.

Sigo allí.
Escupo arena y sangre,
cemento y plumas.

La televisión repitió la imagen todo el tiempo.
Y fue verdad.
 Fui por un momento todos ellos y no fui nadie.

11

He acomodado las vocales
brindando un jardín sin sangre.

He de encontrar la palabra justa
crear el mundo.

12

Ave carne
Lejana sensación
de sentir al pájaro
como viento hecho carne.

13

Conseguí,
nadie me miró.
Conseguí el espejo,
las sombras que me acorralan.
La muerte.

14

El suicidio impostergable
me acecha desde la ventana.

Me he dado cuenta
de mi muerte
al mirarme al espejo.
En el jardín
donde se renuevan los objetos.

15

La noche incendiada
me trajo sus venas.
Corte los puños y llegó el día.

16

¿Dónde estás Adán?
¡Guarda con el Sida!
Podés morir, usá preservativos.

La heredad debe ser abolida.

¿Dónde estás Eva?
¡Guarda con el aborto!
Podés morir, usá anticonceptivos.

La heredad debe ser abolida.

Disfruten solos del universo.
Yo despierto en este mundo de píldoras y látex.

"La heredad debe ser abolida"
le comento a mi hermano Abel.
El lo sabe muy bien y cae muerto.
17
Aqui en mi frasquito.
¡Miren una gota de agua!
solo una gota del diluvio universal.

En ella el mundo
En ella sangre.

18

La muñeca de la niña,
le costó quince años alzarla,
le costó diez años arrullarla

En el suelo
la muñeca dormía junto a la niña aplastada
Era de plomo,
le costó la vida contenerla.

19

Tengo una idea macabra:
hamacarme en el olvido.

20

¿Quien sabrá, sí estas palabras moribundas
serán poesía?

Yo aquí ensayo
una suerte de verborragia
que mate tus pensamientos.

La palabra se esconde bajo tu lengua,
sale y se refugia en tus ojos.
Entra lentamente por tus oídos.

Es hora de parir nuevas formas.
Otros mundos.