martes, 28 de septiembre de 2010

        LEOPOLDO LUGONES


          Salmo pluvial

                      Tormenta

Érase una caverna de agua sombría el cielo;
el trueno, a la distancia, radaba su peñón;
y una remota brisa de conturbado vuelo,
se acidulaba en tenue frescura de limón.

Como caliente polen exhaló el campo seco
un relente de trébol lo que empezó a llover.
Bajo la lenta sombra, colgada en denso fleco,
se vio el caudal con vívidos azules florecer.

Una fulmínea verga rompió el aire al soslayo;
sobre la tierra atónita cruzó un pavor mortal;
y el firmamento entero se derrumbó en un rayo,
como un inmenso techo de hierro y de cristal.

                         Lluvia

Y un mimbreral vibrante fue el chubasco resuelto
que plantaba sus líquidas varillas al trasluz,
o en pajonales de agua se espesaba revuelto,
descerrajando al paso su pródigo arcabuz.

Saltó la alegre lluvia por taludes y cauces,
descolgó del tejado sonoro caracol;
y luego, allá a lo lejos, se desnudó en los sauces,
transparente y dorada bajo un rayo de sol.

                        Calma

Delicia de los árboles que abrevó el aguacero.
Delicia de los gárrulos raudales en desliz.
Cristalina delicia del trino del jilguero.
Delicia serenísima de la tarde feliz.

                        Plenitud

El cerro azul estaba fragante de romero,
y en los profundos campos silbaba la perdiz.


       Conjunción

Sahumáronte los pétalos de acacia
que para adorno de tu frente arranco,
y tu nervioso zapatito blanco
llenó toda la tarde con su gracia.

Abrióse con erótica eficacia
tu enagua de surá, y el viejo banco
sintió gemir sobre tu activo flanco
el vigor de mi torva aristocracia.

Una resurrección de primaveras,
llenó la tarde gris, y tus ojeras,
que avivó la caricia fatigada,

que fantasearon en penumbra fina,
las alas de una leve golondrina
suspensa en la inquietud de tu mirada.



     Contrabajo

Dulce luna del mar que alargas la hora
de los sueños del amor; plácida perla
que el corazón en lágrimas atesora
y no quiere llorar por no perderla.

Así el fiel corazón se queda grave,
y por eso el amor, áspero o blando,
trae un deseo de llorar, tan suave,
que sólo amarás bien si amas llorando.


  Delectación amorosa

La tarde, con ligera pincelada
que iluminó la paz de nuestro asilo,
apuntó en su matiz crisoberilo
una sutil decoración morada.

Surgió enorme la luna en la enramada;
las hojas agravaban su sigilo,
y una araña, en la punta de su hilo,
tejía sobre el astro, hipnotizada.

Poblose de murciélagos el combo
cielo, a manera de chinoso biombo.
Tus rodillas exangües sobre el plinto

manifestaban la delicia inerte,
y a nuestros pies un río de jacinto
corría sin rumor hacia la muerte.



        Paradisíaca

Cabe una rama en flor busqué tu arrimo.
La dorada serpiente de mis males
circuló por tus púdicos cendales
con la invasora suavidad de un mimo.

Sutil vapor alzábase del limo
sulfurando las tintas otoñales
del Poniente, y brillaba en los parrales
la transparencia ustoria del racimo.

Sintiendo que el azul nos impelía
algo de Dios, tu boca con la mía
se unieron en la tarde luminosa,

bajo el caduco sátiro de yeso.
Y como de una cinta milagrosa
ascendí suspendido de tu beso.
      SUSANA PEYLOUBET



El tiempo escribe

El tiempo escribe
en la lengua ignota del día.
Un pájaro
en la fría ventana
graba un fuego instantáneo.
El guardián del invierno ha regresado.
Las cosas retornan a su sitio
para hablar con el viento
dejando huellas de eternidad
entre los muros.


Vestigios de ti

Vestigio de la luna en las ventanas.
Te he llorado
en una orfandad muda
en la tarde saqueada.


El río de la noche

El río de la noche
tiene
un remo de sal amarga,
luciérnagas
hijas sin memoria
en los gastados puertos del tiempo.
Es un pozo que acumula estrellas.
En el atrio nocturno
un pájaro ciego bebe el agua que da sed.


Noche blanca

Cárceles de la luna
donde la noche blanca
se ha cerrado en un círculo.
Prisionera de una eternidad muda
sin paredes
han tirado la llave
al fondo ciego del universo.
Un pájaro sueña en la niebla
en que navegan altos barcos
vigías de los días interminables.
La rueda que los amarra
tiene por lindero lo indescifrable.


Los árboles reman

Los árboles reman
en un cielo
que ha olvidado la muerte.


El amo de la luna

El amo de la luna baja hacia la tierra
con su cuenco de luz blanca
para alimentar el pecho de la noche.
      MARIA ELENA TUESCA



               Tannhauser

Quebrar el espejo con las oscilaciones de mar del péndulo
                                                                              a sus espaldas
como una esfinge a quien perturba la arena.
No invoco entonces, no escucho. Imagino que el deseo
advierte
y le basta a su alma esta pequeña celebración para
                                                                             desfigurarse
en crueles siluetas.

Una
la tan buscada.


                           El astrolabio

                                                                “…vamos una vez más
                                                                 a florecer entre los vivos”
                                                                                        Marcelo Masola

Te quiebra, anémona, el relámpago en los ojos abstraídos,
                                                                                como si él
fuera vaso de tu tallo y enjambre de tus yemas.
Te sostiene remota
no la infinita prudencia ni tu corazón
penosamente domesticado

sino su abrazo

el exilio en la propia corola.


                      Rediviva

                                          II

La que fui
grada de cota como si posiblemente quedarse atrás
(ésta confirma su muerte
mi muerte –oh, cómo eres?)
reuniera todas las formas tangibles de vida
la confusión ante la flor amarilla, no saber
hasta dónde llegaría el pecho amado si los dedos
reales doblones narraran su texto subordinándose a las leyes
                                                                                   perfumadas
al código violento y aspado y blanco y negro y nunca
                                                                                 verosímil
pero no importa; si la historia se derramase por los vértices
yo armaría un hueco para contenerla o contarla
aunque se borrasen toda heráldica y todo tesoro
y no quedara más que un áspid enamorado de su veneno.
Solamente un alma con hoja de gracilidades y coraje de pirata
Podría recordar cuantas monedas tenía antes del ángel.
Cuál mi etimología, cuál mi réquiem si te presiento
en la voz que me falta y no hay otra
lámpara
condenada a su llama encadenada a la sola perdida
(pero sí la sombra del fuego en la cara, sí tu ala)
paria
derviche y otra vez esta manos lijadas por el oro
siendo que primordialmente clepsidra detrás del vidrio
puro mendicante.


            Cien muertes de la pitón

                                             I

Lengua bicorne que temo hasta una transparencia de alba
adivino tu horca
mis pupilas y tu estigma
idénticos.

Un hueso como rama muerta. La espiral en que te anudas
quiebra un hueso. Develo ahora los puros biseles cuando
                                                                                      toda
el agua negra fluye por tus garfios,
tu fuga hacia mí cincelada se prende
en dos teas.

Impune insiste tu cabeza diminuta sobre el pie descubierto,
                                                                                  el arco
envidiado y rosáceo
cede
al veneno desnudo.



                         Letanía

Agrietados por el perseverante desamparo
vestal o mendigo o incierta condición de resplandor de polvo
echa mis pasos el camino como un oráculo quemado en el
                                                           fuego de la medianoche
y la palabra desgarra aunque el beso envare la daga.



                Desdicha inversa

Quien mira a través del vidrio estremece con su peso el
                                            ángulo de mi brazo y mi hombro
el nudo de mis falanges.
Parece que allí soporta la agitación y hasta el golpe su labio
                                          liviano de alfiler de sangre; en mí
reverbera callada como la espuma
pero es tan sólo un sacudimiento
un hachazo en la pulpa del álamo inventado por los cristales.



                     Exequator

Más ignoro qué besaba él
                                       dientes como de entre sus dientes
                                       dientes como quien por otro
                                                                               mordiere
                                       dientes porque no otra.



  Toda carencia

Un mosaico
tal vez dos
o tres
y la fronda de los tilos

suficiente y necesario
para esto
tanto



              Oniromancia

Cifra en el código descalzo tu huella se retuerce
rojo negro
madre muerte
en el mapa del miedo
y el desvarío al alcance de la mano, brújula prematura y
                                          ardida que la sombra me adjudica;
en tanto los ojos pervierten con precisa desnudez las mieses
                                                                         de sólo delirio
e incrusten epígrafes unívocos
no hallaré la carne del ángel ni panóptico alguno, aunque
                                                             fuere por un instante;
tal como desea el abandono que me vuelve, no habrá rasgo
              de verbo y sí el decurso y la celda, acontecidos
carbón de brizo, fortuitos

menos para el ensueño.
          AIDA ROISMAN


    Ningún lugar como


                    ***

me desvío de
de los trenes sin puertas

sin manteca, sin leche
hasta el muerto color de la siesta
sin las risas que crecen
con el llanto encerrado
en la panza del balde sin agua
y tortas quebradas en brasas

me desvío
de quebrachos llorando estaciones
y asfixiantes embarcos a Europa
que me queman el tronco

me desvío
de los dedos de jarros quemados
coladores y rayas
detrás del alambre de púa

de estos trenes sin puertas
me desvío
y no puedo bajarme


           ***


Y si también nosotros nos desviamos
tras baal y astarté
dioses de bronce
con muslos y picanas

dolía la carne
el cerrajero de las llaves
nos puso a prueba
para asegurarse
si entre las alhajas conservábamos
el triángulo truncado de plata

se suicidó el cerrajero
las ganzúas computadas
borraron la clave


            ***


Pertenezco a una generación de esas
que nunca pudo decir
pertenezco a una generación

nada en común
simple casualidad de algunas palabras

y cuando se habla
del 50 del 60 o del 70
me pongo los zapatos rojos
por si acaso


                       ***


si apenas imagen de dios en la tierra
de dónde
infinitos castigos
para infinitas torturas

solo queda
abrir las puertas de los corrales
y que se pisen atropellándose a la salida


                        ***


son infinitos los muros de Berlín
desde todos los noviembres

hay otros que siguen tambaleándose

miro los míos
línea muy fina continuando el pie
línea de voz inexistente
razón de humanos
medida de buena casa
o un buen libro con un buen velador
para cervantes y vallejo

y aquellos
del afecto y desarraigo
que siguen y siguen tambaleándose


                  ***


no me banco esa constancia del amor
ni su rito pendular
ni ese ritmo cumple noches
cumple años
                    siempre químicos enredos
                    embarazos de serpientes
                    nacimientos de manzanas
                    primaveras desde el vientre
estoy harta
no me banco esa constancia del amor


                      ***


lejos
en la específica soledad de este cuarto
levanto campamentos a 1000 km de mí

el cuerpo forcejea
y termina aquí
de rodillas
en la desamparada tarde del sábado
porque tiene miedo de saborear el desierto

y en el teléfono
un trueque
por becerros de oro


                ***


ESTOY AQUÍ
desde antes del mundo
desde el comienzo del hilo
sólo para escribir
estoy aquí


             ***


cuando ovillan despiadados los silencios
y la pared se lanza aplastando la boca al infinito
al abultado azul desmesuradamente sordo
los tobillos
cadenas
y serpientes
               se involucran
arriando el pulso a los pantanos
y cavan venas desde la palabra eje
hasta enroscar el tirabuzón
al centro de la tierra


                  ***


ALAS PARA ARMAR SOBRE LA MESA
aunque al otro día por las calles
desarmadas todavía
en la maleta


                  ***


verano e invierno en cien estaciones
esperando trenes

ventanillas como ojos que pasan de largo
y sacan la lengua

es mi punta de espera
por si alguien se baja…

aunque con esa maleta de cien estaciones
que me importa esperar
y esperar

lunes, 27 de septiembre de 2010

          GUSTAVO BUSTILLO


           Reloj vacío

                         DEbo decirte que en tu nombre
                     SAbe solo el silencio
                  PAdre solo
               REcién rocío y ruido
            CIudadano escarcha hasta los ojos
        DOmingo en una rueca que aun no ha sido.

y en tanto..:

              …tanto…
                               (y etcéteras)
…pero nombran las palabras cada tanto…?
…UN NO ES ASÍ ME LLEGA AL FIN DEL MUNDO

…Cada tanto
Las palabras se vuelven
                              vena abierta
a gotear en el pecho sus sílabas descalzas
                        y el ventrículo ventrílocuo
ya casi cántaro rompió en la fuente…

ausencia marcapasos      cada       tanto

reloj vacío…
vacío infinito a los Segundos          cada tanto!

…y cada tanto
tic-taconea de marcha y crak … el hueso        de ausencia

…y cada tanto
metralla… y metralla cada tanto

vacía el cargador
                          toda la ausencia
entre la eternidad
               y cada
                          y tanto




Réquiem ante la puerta de espera clausurada


                                                                               A los pibes que están allá
                                                                           (por lo que hoy es más aquí)


Pasos de ausencia                             ira perpetua
enviudadas cáscaras a secas         hueco sonoro en gestos
                          Sacos de soledad        cruzados a latidos
                          dejaron marcas    y    tránsito en el viento
                          y sensaciones puerto entre mis pasos
                          de jubilado                tuerto a penas
por sal mueras                                         a venidas sin mensura
al ojo de la hierba                           y era espera
                           era


por eso hilvanan y desovo y desvarían
entre las yemas rasgándose en el parto
mis lunaciones de coágulos               y ecos
                            glaciales
campanarios
como este pecho clavel que se desierta
                           embalsamado el aire
bajo las alas
                           mojadas
                                     de un pañuelo



   Utopía

puente en la lluvia
canto a otra orilla

voz al destino
del río que pasa por debajo

recóndito rincón mas agujero negro
de entrar azul raído y siempre estreno

digo utopía           persistencia del guerrero
… rabia de luna en que beben los poetas
(y son míticos guerreros –común eros-)

Puente
           lugar en tránsito…
           recinto de mujer donde siempre me quedé
y parto
          SUSANA ROMANO



     Verdades como criptas

Rozáronme las plumas de remotas aves
puentes de naves
misterios aledaños a las clarividencias
Oh dolor marino y errático meditando su dolor definitivo

Naves de piedra
pesando sobre los tesoros ocultísimos
piedra de las aguas
y escondrijos de péndulos y efigies.

Bebí de mi vaso de amatista
confusas gemas
y supe
oh diáfana certeza
que el conocimiento es tardío.
Tal vez es inútil

Oh trampa principal que predestina

Oh morgue

El dolo de los genitores
como el lacre sobre una carta secreta
nos paga su rara esencia aromática

Avariento ademán de claridades
en el instante de la oscuridad definitiva
abrí los ojos

Oh muerte.



   Escriturienta

Soy la de abajo, del Nilo
y quiero
la casa perfecto y el preparativo
un paraje vistoso quiero esa joya
y como premio quiero los aprestos
y escudriñar del cofre al cesto
de mordedura doble para reinas
quiero casar a mi hermano en esa ley
y máscara de oro y peine de diamantes
y pectoral de jade y los pendientes
que nada falte, estratagemas,
y que el metal disuelto que me abrase
ojos de belladona que me graben.
Y acurrucarme en las urnas
del Urubamba ululante
quiero esa manta de guardas
para guardar bien el rojo
el pelo y el hueso y los cachorros
y los adornos de dientes
ese tocado de plumas en un abrazo de barro
y el envoltorio de lienzos
y la curva en la hornacina.
Y permanecer de piedra apretada al pedestal
ática esbelta de túnica embellecida del mal.
Yacer con el cuerpo en tierra
fondo sin fruto ni flor
jasídica duradera lamentadora endechera
desllorada por varón.
O como las de Mi Lai, con el sexo en la trinchera
-Quiero ese lujo de obispo
mármol que engrosa hacia fuera
obispo de cuatro cuerpos en la piedra.
No olvidar las de teblinka, las de Dachau y La Perla.
Al humo de Juana entrego
arco del cielo en el fuego
leño cercado al talón.
O las de los pies de amarras a estribor.
La del veneno al oído; no montesca y capuleta
de aleatoria medicina que más que sanar
muleta.
Gala de muerte afanosa en el filo del traslado:
la del mal contra una misma
la de enroscada palabra
ajena a toda vergüenza:

EL TEXTO QUIERO POR CRIPTA
Y LA LETRA POR MORTAJA.
       EMILIO SOSA LOPEZ


 
   Para hombres solamente

La muerte es amable
entre hombres solos.

Cuando ella susurra
no busques una culpa;
ningún ojo la lastima
si es que te oye ausente.

Atiende a sus modales
que buscan cortesía,
no las palabras.

Ella llega con esquivo poder
y no es que prefieras
no atenderla
si en el sarcasmo de la duda
queda perpleja.

Observa cómo agita
sus hombros
durante minutos, al sentarse
-labios que besan
o bocas que muerden
conocen ese frío árido.

Pero no hostiga con ojos.

Su ternura de lámina
emana como un grito.
Y ese grito el que te acosa
junto a cabellos húmedos.

Después en al vacío miras
tu cuerpo colgado
en el espejo.



       Isla cercada

De ojos que enceguecieron ante el Verbo
y manos de extrañas arpas
-zarpas hoy
en la mañana enmarañadas-,
el hombre es una isla cercada por Dios.

Sus paramentos aún reflejan, litúrgicos,
el horror del instinto,
techos, bloques o muros superpuestos
derribando los aires bajo el sol.

O bien trepa en escalas a las salas del día
o ámbitos del pecado
tras el rostro o el rastro de la luz.

Y límpidos como arcángeles sus puentes curvan
cánticos
entre espadas o memorias del cielo,
o se postra en sus hierros
como una gema ardiente,
en soledad.

He aquí la armonía que fluye de sus garras,
los trazos de sus flancos bajo hechizos
de soles, los rayos erizados sobre el lomo
de la bestia ancestral.

Mientras tanto vomita fuego, escarba
sueños pétreos,
acomete sombras entre rabiosas aves,
o alza su pesada cabeza
sin rostro humano ya,
en su primera hora de eternidad

domingo, 26 de septiembre de 2010

    

      ALEJANDRO SCHMITD



            Porsche

voy en un porsche
despacio
a través de los suburbios de atlantic city
voy conduciendo solo en un porsche
tostado
opaco
silencioso

wallace stevens lee sus poemas
por f.m.

es una vieja grabación
de
anabas en el paraíso
así
despacio despacio
hasta el balneario

a menos que consideremos a los borrachines
como miembros de un sistema de productividad neocapitalista
allí
sobre la arena
no hay nadie

a veces me pregunto
cómo viven los otros
cuál es su modo de sentarse
en la necesidad
durante mucho tiempo
descubro
un porsche
sereno/tibio como piel saciada
fue mi necesidad
recorro la playa
hasta las torres Ezra Pound I, II, III

en esa zona hay
gente común
perezosa
intranquila
si voy muy despacio pueden apreciar los caballos vigorosos en combustión
celeste

en la baulera llevo el cadáver de su propietario
un buen hombre
con apreciables tarjetas de crédito
un hombre de tiernos sentimientos
no debió recogerme por la 47 anoche

pestañeaba como una muñeca flou
y decía
plis-plis
al fin
sobre su porsche
bonito
dorado
infiel

uno es distinto en porsche
si elsie me viera
no lo podría creer
no
estallaría antes de creerlo
paro el motor
dejo las puertas abiertas
para que pueda admirarse el tapizado y camino hasta una piedra
inmensa
sola

parece un recuerdo

recordar es malo
irrumpe la miseria
y su encanto rencoroso
queda

ahora el mar
es una canción boba
canturreada por jóvenes melosos
la insoportable libertad del mar

conduzco hacia el centro comercial
veloz
veloz
con las ventanillas cerradas
como un senador

impermeable
implacable

siento que podría rasgar
el espacio tiempo urbano
un porsche
es una máquina einsteneana

pronto todo terminará
y seré una estadística
-frase de novela policial best-seller-
muy pocos son capaces
de arrancarle la belleza a un símbolo
esas miradas en la playa
fueron la máxima caricia que algo puede despertar
ningún dios gozó tanto

voy hacia la vidriera del supermarket como hacia un coito
con gertrude stein

espero decapitarme
abriendo las pantallas de los videos

el porsche ascenderá en fuego
inflamado por el éxito.



A cada poeta que abracé en 40 años

y si dejáramos todo simplemente como fue, como está siendo,
una pobre razón en medio de este frío, un ejército de sombra,
un fueguito mejor...
si pensándolo mejor, más bien adentro,
a cada poeta que abracé en 40 años,
a cada poeta que odié, que desprecié -ya no recuerdo- a tantos que
admiré en su desgarro, su muro, su canción...a cada uno en todos,
la contraseña, el viaje, los ramales de un cielo ardiendo solo y cada vez
en las palabras lo sagrado, la gratuidad, los errores...
si pudiéramos, no sé, dejarlo así y proseguir...
qué importa la traición,esta familia de un país que besa entre cuchillos ...
quién sonríe oscuro
entregado a largo planes de fracaso...

lo sabemos
algo mejor que nosotros
atraviesa la intelección
y deposita rara nieve en los cuadernos

si ahora mismo se abrieran los infiernos - no páginas o labios –
cómo irías a besar el hielo...

si desde estas llanuras inmarcesibles donde hundí mi vida
pudiera arrepentirme de cada música, cada denuesto; alzar un hilo mojado
por la luz...
entonces

podría
querríamos
olvidar
cómo
nos volvimos miserables

parientes de la nada

sentido del abismo

y ese extravío
que nos llevó
al encanto
volvería a soplar...




        La hora

Queridos compañeros
es la hora

hay un vaso de agua y una puerta
pero no hay

no hubo nunca

una casa
una sed
          GLAUCE BALDOVÍN


           El libro de Lucía

                        I

Lucía.
Con mi nombre hay una flor azul que llora
y su lágrima
larga y pesada
me cae en la manos.

Lucía.
Con mi nombre hay una canción napolitana
hay santas heroínas aldeas:
pero Lucía Bertello sólo soy yo.
Con el pañuelo negro siempre a la cabeza
con todo lo callado
con todo lo sufrido
con el hijo muerto con el marido muerto
con el pan escaso.
Amarga, amarga.


                                     IX

Cuando amaso me siento diferente. Olvidada de rencores.
Hago una rueda con la harina y en el centro pongo agua y sal.
Hundo la masa pegajosa, la estiro con el palo blanco
le doy la forma
y me creo Dios.

El olor a pan sale del horno
inunda el campo, la casa, el ropero, mi corpiño.
Todo es pan ese día.
y cuando saco agua del pozo
un rostro joven me sonríe desde el fondo.


                                  XV

Ahí nomás están, al acecho. Se ha vuelto gris el horizonte.
Es la sequía. Son los cardos.
Abro la ventana una mañana de invierno y los veo.
Cuántos kilómetros anduvieron anoche para llegar aquí tan temprano?

Callan. Siempre están callados.
Los cardos son silenciosos.
No tienen corolas para abrir con levísimo rumor
ni hojas que pueda hacer crujir el viento.
Seremos buenos amigos.

Desde el tren que pasa echando chispas alguien dirá:
rancho miserable, gente abandonada.
Ellos pasan,
nosotros nos quedamos
sufrimos la sequía el desalojo la miseria
y aún tenemos esta sangre que florece en espinosas flores moradas.




                     El asco


                                      II

Muerto el hermano
la mitad del hijo crucificada
la otra mitad tierra ardida dragón encantado
mar sin riberas barco sin velamen
deberé soplar las fuerzas por tanta ceniza acumulada
como si fueran carbones a encender
adormiladas brasas.

Al cruzar este territorio de imágenes imágenes imágenes
de palabras palabras más palabras
mis entrañas aún vivas se anudan en prolongada náusea:
es la necesidad del vómito
el asco.


                                          XX

Qué es el asco sino esta araña apocalíptica envolviéndonos en su
                                                                                   tela tenebrosa
convirtiéndonos en los insectos que ciegamente devora?

Quiero cortar el tejido que me asfixia me ahorca
zafo
al instante un hilo como gruesa soga me rodea los brazos
la cintura.
toda la magnitud del cerebro toda la luz para luchar contra la tela oscura
el pulpo
la hidra de noventaisiete cabezas invadiéndolo todo con su babasa inmunda
que renace y renace cada vez más grotesca más vigorosa.
y la impotencia para degollarla
para hundirle el puñal en la garganta y ver rodar sus cabezas
pisotear sus malditos ojos centellantes.

Dónde el aire puro dónde la dulce lluvia
mi estrella entre todas las estrellas?
Dónde las bestias la pradera, el hombre
el sol radiante de enero?
Dónde enero abril octubre?

El tiempo se ha detenido
la naturaleza se desgrana con horror
nos abandona en la palabra nunca.
Sólo resta la voluntad de vivir
de comenzar otra vez.
Resucitar el brío perdido
el heroísmo
la porfía
la bienaventurada locura.



Soy Seclaud


la de dos cabezas y cinco corazones
la que reparte el pan de la alegría
y se somete a los presagios y las maldiciones.
Nada podrá contra mí gallina
de plumas encrespadas
que llora como mujer parturienta
ni los perros que aúllan a la luna.
Él vendrá con la vara de nardos cuajada de abalorios
a inaugurar nuevas conmemoraciones
porque he tallado azules sus ojos en el granito
y he amasado con hierbas olorosas su corazón.
Nadie podrá dañarme.
Resbalarán en mí los conjuros como en el cuerpo de
Las serpientes acuáticas.
Yo, Seclaud, desde la ribera de las cenizas
Y los ungüentos aceitosos
De las cacerolas y los espejos
Veo partir las naves hacia nuevas conquistas.
¡Adelante, viajeros que llevan en los mascarones de proa el mensaje último de los filósofos
la sabiduría de los científicos
los poemas que nos perpetúan!

Yo quedaré cuidando la tierra
los ángeles de manos callosas
las mermeladas.

viernes, 24 de septiembre de 2010

    
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             SUSANA AREVALO


Háblame de Hyeronimus Bosch

Dijiste:
La perturbación choca con el misterio.
Los desiertos existen porque hubo seres desalmados.
La muerte te atraía como la luna a las mareas.
La esperabas con los labios apretados:
lo último es ser sentimental.
Me diste para andar a ciegas,
la imagen de la huida, el hambre.
Oh, tú no amas sino lo que es perpetuo.
El espejo en el que me convierto para mostrar
lo más recóndito de ti, lo que ignoro de ti, lo que subyace.
Me condenaste al Purgatorio.
Sólo estoy con ánimo para la locura.
Háblame de Hyeronimus Bosch.
Háblame de la extracción de la piedra de la locura.
Háblame de lo maravilloso que está uncido a lo siniestro.
Háblame, en el lavabo o en el ágora,
sobre la hierba o en el cieno.
Llámese brezo o zarza,
cierzo o tempestad, ardor o beatitud.
Pero háblame
siempre que pueda deleznarme
afiebrada como estoy
derrumbándome
Literatura.




      Dédalo

todo ir es un retrodecer, un ir
a parte alguna, un naufragar
un rodearse de cosas
que no son vos ni yo, que se deshacen.
Todo ir es un crisparse.
Toda experiencia es una fluctuación.
Un acudir a un conciliábulo de sombras.
Si vacilar es oscilar inevitable, inagotablemente.
De zarza en zarza
de madonna en madonna.
La iniciación es la carne
perfumes frotados sobre la piel.
Si tenebroso es tu perfil.
Si atribulado mi corazón.
De ópalo en ópalo
de vicio en vicio
de tatuaje en tatuaje
el exilio recorre cada palmo de vos.
Perlas de sudor ruedan por los labios
convertidos en lumbre, en espesor.
Los lobos aúllan
las campanas tocan a rebato.
Loor y beatitud




        Bajorrelieves

                         VIII

En la orgía
conoció al hombre vestido de
mujer.
Rehusaba creerlo.
Perfumó los lóbulos de sus orejas
las sienes
con esencia de rosas.
Parecía tan poco, tan poco
una pizca de somnolencia.
El espectro de una
punzada.
Una pizca de repulsión.
Con o sin brusquedad
hasta el miedo es
agonía. Un sabor
ligeramente ácido
en la boca.
Como afiebrada
sin saber adónde ir.


               X

Dormita en su bañera
de peltre
con patas de león.
Adora los retruécanos.
Digamos
que tiene algo de Hamlet.
Iba y va
de decepción en decepción.
Viene de lo informe
y va a lo informe.
Entre una alucinación
y otra.

Ese olor a hashish: es Aghone.
Ese olor a heliotropo: es Aghone.

Es un entrecuzarse de sueños
es una sensación física:
es Aghone.


OBRA: Juan de Zurbarán. Naturaleza muerta con fruta y jilguero,
hacia 1639-1640






                                LIVIA HIDALGO



La humanidad entorpece su esqueleto de pájaros

                                ***

El sol se ha puesto en la ventana.
Y es el río de tu sangre que me salva
de la sangre del río que me ahoga.
(hay que olvidar la noche para habitar el mundo)

                                ***

He venido a mostrar la luna en paredes desérticas.
He venido a abrir la cerradura de las jaulas
                                                          con los dientes.

He venido a sustraer de las cavernas
su contenido de piedras.
Quizá no tenga más goce que este orgasmo de palabras.
Quizá no tenga más hijos que los hijos de la espera.
Quizá no tenga más razón
que la de la muerte.

                                 ***

aguijones salvajes
astillan
nidos y plazas y calles

siento
fustigada
mi inocencia de barro

                                 ***

El mar es una fotografía opaca
       que niega tu rostro.

Escribes
esquirlas como quien templa
      los aceros para la propia hoguera.

No hay patria para emular una condena
sólo serpientes de agua bajo la luna.

Desde los postigones de la barca
te llamo a la deriva
y en la escollera el viento castiga.

No hay nombre
sólo voracidad por tu nombre
en este mar inmensamente verde.

                             ***

Soy el monstruo mudo
el de la máscara que disuelven las aguas

pero no habrá juez ni ley
para tu muerte a bocanadas

Somos
una mancha de sombra
           en un cuadro invisible.

                                         ***

saltar desde el puente
hacia alguna red en esta leva de mar

y hallarte.

Con mi boca de lobo destrozar
las larvas del pulpo que te traga

para significarte.

Y por fin, perderte

porque madre, yo sueño pájaros

invento pájaros
en una lengua que no es tu lengua
      para crearte.


Obra: Vista de Delft, Vermeer.